Cuando empecé estaba completamente asfixiada por las deudas. Tenía cerca de 14 y sentía que solo podía pagar un par de cuotas más.
Tenía un Excel con mis deudas que revisaba cada mes con un estrés que afectaba a toda mi familia. Llegué buscando certezas, haciendo tres cursos a la vez. Con Liliana entendí que la respuesta no estaba afuera: estaba en mí, en comprometerme con un camino y trabajarlo.
Este proceso me ayudó a tomar decisiones con más conciencia y menos desde la emoción. Un año después, ya he pagado cerca de la mitad de esas deudas. Ha sido un proceso de aprendizaje que me ha dado mucha más tranquilidad.

